julio 20, 2024

Por Luis Castrillo Marín.

Hace ya bastantes años en las aulas de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica se estilaba leer algunos clásicos del pensamiento moderno y antiguo como supongo suele suceder en otros claustros dedicados a esculcar en las obras atinentes a las cuestiones humanas.

Entre ellos, recuerdo los escritos de Karl Raimund Popper una de las grandes mentes analíticas del siglo pasado que produjo textos, como La Sociedad Abiertas y Sus Enemigos, cuyos contenidos hoy en día todavía se debaten con acalorada pasión.

No recuerdo bien en cuál de sus trabajos Popper indicaba -a riesgo de mal resumir- que un sistema democrático no es aquel donde se nombra libremente a los gobernantes, sino más uno donde existen mecanismos que establecen claramente cuál es el procedimiento para quitar de manera pacífica -sin tener que matarnos a punta de plomo- a los dirigentes que no pasan la prueba de cumplir a cabalidad con las tareas encomendadas por los votantes en las urnas.

Tales proposiciones me quedaron sonando a propósito de las pasadas elecciones de gobiernos locales donde el veredicto electoral sacó de los palacios municipales a una buena parte de partidos y dirigentes cuyos resultados en la gestión pública fueron a decir verdad un desastre absoluto.

Basta echar un ojo a cantones guanacastecos como Nandayure donde en los últimos ocho años predominó un completo pandemónium caracterizado por una alcaldía pletórica de ocurrencias, nula capacidad de gestión y cero resultados concretos que derivaron en un retroceso pasmoso en casi todos los indicadores socioeconómicos.

Las actuales autoridades del Concejo Municipal de ese cantón y de la Alcaldía que asumió en mayo pasado, se enfrentan a una labor poco menos que titánica para apagar el incendio que dejó el ancien regime dominado por un partido que paradójicamente se denomina Nandayure Progresa, pero que más bien deberíamos calificar como Nandayure Retrocede.

En dos períodos de (des) gobierno esa agrupación fue incapaz de implementar una herramienta para evaluar el desempeño de los funcionarios pagando casi ¢200 millones de colones sin cumplir con ese mandato dictado por la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, operó con una ausencia completa de reglamentos y normas en casi todos los ámbitos de gestión y; por si fuera poco, cayó en un rechazo sistemático de los presupuestos de parte de la Contraloría debido a la pésima elaboración de ese plan de gastos e ingresos.

Dudo mucho que en el exoficialismo nandayureño conozcan al filósofo nacido en Viena; sin embargo, una cosa es segura: la máxima afirmando que la democracia sirve para quitar a los ineptos sí funciona.

¡Grande Popper!

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