Por Gerardo Zúñiga Zúñiga*.

El próximo 8 de mayo de 2026, Costa Rica vivirá una vez más el acto más sagrado de nuestra democracia: la transmisión del Poder Ejecutivo.

La banda presidencial será colocada sobre la presidenta Laura Fernández, quien asume el mandato con el peso de las esperanzas de un pueblo que exige soluciones y con la responsabilidad de conducir al Estado en un contexto regional y global complejo.

Como historiador, debo subrayar que no estamos ante un traspaso más. Cada asunción presidencial es una página nueva en el libro de la República. La del 2026 llega precedida de un ciclo político marcado por el reclamo ciudadano de eficiencia, por la fatiga ante la polarización y por una economía que, si bien estable en lo macro, sigue golpeando el bolsillo de las familias en lo micro.

La presidenta Fernández hereda esos desafíos y también la oportunidad de marcar un antes y un después.

La fragmentación legislativa que caracteriza a la Segunda República desde 2002 se mantiene. Ningún partido tendrá mayoría absoluta en Cuesta de Moras. El primer desafío del nuevo Gobierno será construir acuerdos sin ceder principios.

La historia nos enseña que los grandes avances de Costa Rica, desde la abolición del ejército hasta la creación de la CCSS, nacieron de pactos nacionales. La presidenta Fernández deberá convocar a esos pactos con humildad y firmeza. Gobernar no es imponer. Es convencer y articular.

Los datos son claros. La criminalidad organizada y los homicidios han escalado a niveles inéditos para nuestra tradición de paz. El monopolio de la fuerza legítima es atributo esencial del Estado. Como abogado, sostengo que la respuesta debe ser integral: mano firme contra el crimen, pero también reforma procesal penal para evitar impunidad, inversión en inteligencia policial y prevención en los territorios vulnerables. La seguridad no es de derecha ni de izquierda. Es la base para ejercer cualquier otro derecho.

El desempleo, la informalidad y el costo de la vida siguen siendo la principal angustia de los hogares. Desde la ciencia política sabemos que la estabilidad democrática se erosiona cuando la economía no alcanza para vivir con dignidad. El gobierno entrante tiene ante sí la tarea de simplificar trámites para el emprendedor, atraer inversión que genere empleo de calidad y revisar las cargas que encarecen los alimentos y medicinas. El equilibrio fiscal es indispensable, pero no puede lograrse asfixiando al sector productivo ni abandonando al vulnerable.

Como exdiplomático, veo con preocupación cómo el sistema multilateral se debilita y las tensiones geopolíticas crecen. Costa Rica debe reafirmar su voz histórica en derechos humanos, desarme y ambiente, pero también diversificar mercados y defender con pragmatismo sus intereses comerciales. La presidenta Fernández tendrá que ejercer una diplomacia activa que combine principios y resultados concretos para el país.

El abstencionismo y el desencanto son el cáncer silencioso de la democracia. Se curan con transparencia, con rendición de cuentas y con obras que la gente pueda tocar. El nuevo Gobierno debe entender que cada colón del presupuesto es sagrado porque viene del trabajo del pueblo. Cero tolerancia a la corrupción y máxima eficiencia en la ejecución serán el termómetro con que los ciudadanos medirán estos cuatro años.

La historia juzgará al Gobierno de la presidenta Laura Fernández no por sus intenciones sino por sus resultados. Tiene a su favor la legitimidad de las urnas y un país que, pese a todo, sigue creyendo en la vía democrática y pacífica.

Desde mi curul en la Municipalidad de Puntarenas, extiendo la mano para trabajar en todo lo que beneficie a la provincia y al país. La patria no se construye desde el aplauso fácil ni desde la crítica destructiva. Se construye con diálogo, con crítica responsable y con trabajo.

Que el 8 de mayo de 2026 sea recordado como el día en que Costa Rica decidió ponerse de acuerdo para salir adelante. Los desafíos son grandes, pero más grande es la vocación democrática y de paz que nos define como nación.

Que Dios ilumine a la presidenta Fernández y que su éxito sea el éxito de toda Costa Rica.

*Regidor, Abogado, Politólogo, Historiador y exdiplomático.

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