“Cuando la madre llega todos los hijos salen a su encuentro”, dijo el Obispo de la Diócesis de Tilarán-Liberia, Monseñor Manuel Eugenio Salazar Mora, en las primeras palabras de su homilía ante un templo abarrotado de fieles, en Liberia, a los pies de la imagen original de La Negrita.

Desde buena mañana, el centro de la Ciudad Blanca estuvo cargado de gran movimiento por la llegada, el pasado 5 de julio, de la imagen de la Virgen de los Àngeles, en su visita a la Diócesis de Tilarán-Liberia.

Al sonido de campanadas y sirenas,  poco antes de las 8 a. m., cruzó la Avenida 25 de julio, principal arteria en Liberia, rumbo a la histórica Ermita de La Agonía, en el vehículo, desde donde fue transportada, desde la Basílica de Cartago, esta madrugada.

Una vez, en la Ermita, la centenaria imagen fue ataviada y colocada en la caja de vidrio reforzado para, luego, ser llevada en un automóvil de cajón, adornado de flores, al templo central de Liberia, donde ingresó cerca de las 10 a. m., de nuevo,  al sonido de campanas y gritos de júbilos de cientos de fieles.

Monseñor Salazar presidió la misa, de poco más de una hora, con la imagen de La Negrita, colocada detrás del altar, en lo alto, a la vista de ese pueblo mariano.

“Pido a la Virgen María que les conceda a todos y a cada uno de ustedes los milagros que le están rogando”, dijo el Obispo, quien también recordó la necesidad de orar por “los hermanos del pueblo vecino de Nicaragua”.

La liturgia propia de la misa siguió adelante con muchos devotos con teléfonos en altos, haciendo fotos y videos de la Patrona de Costa Rica, declarada así desde el año 1824.

Afuera, también había mucho barullo: la Madre estaba de visita y debía alistarse el almuerzo, el café, los recuerdos para quienes, luego de la misa, salieran por una breve pausa porque aún quedaba el Ángeles, El Rosario, jornada de cantos y la Hora Santa, hasta la despedida final.

La Negrita partiría, por tierra, a eso de las 3:30 p. m., de manos de quien la trajo, como su custodio: Monseñor Mario Enrique Quirós, obispo de Cartago.

Antes de su salida, llegó un inesperado regalo: la antigua imagen fue expuesta, en manos del  Obispo de la Diócesis de Tilarán-Liberia, sin ninguno de sus ornamentos; confirmando la hermosura de la Madre, de La Negrita.

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