Por Estrella Porras. Máster en Administración Educativa, Heredia, Costa Rica.
¿Quién no recuerda aquel libro que nos llevó a descubrir el privilegio de aprender a leer? Aún nuestros sentidos evocan la forma, los colores, las palabras, el aroma, los personajes y los mensajes que, en diversa medida, se amalgamaron al universo de elementos para esculpir cómo percibimos el mundo.
De esta experiencia, algunos sienten pasión por la lectura, otros la utilizan como una herramienta de sobrevivencia, pero útil, al fin y al cabo. Así, la neurociencia confirma lo anterior, demostrando el poder de la lectura comprensiva, al estimular múltiples áreas del cerebro, al tiempo que sincroniza redes visuales, auditivas, semánticas y motoras, en el cerebro lector.
Siendo la lectura una de las formas más “democráticas” para adquirir conocimientos, habilidades, destrezas y competencias, una realidad nos obliga a construir y rescatar el gusto por la lectura, como una de las medidas infalibles para trascender la pobreza, los límites mentales y aquellos atajos al consumo intelectual preconcebido y ausente de creatividad y pensamiento crítico.

Los últimos hallazgos del Estado de La Nación, indican que el índice de alfabetización en Costa Rica es del 98%. ¿Deberíamos sentirnos orgullosos con un dato como este? Parcialmente, quizás. El mismo informe revela que solo el 25% de los estudiantes de secundaria, alcanza el nivel adecuado en competencia lectora. Se han determinado múltiples causas, sin embargo, trabajar en el mejoramiento de estos factores, en cada uno de los habitantes, nos concierne a todos. Con esa convicción, compartimos un libro, diseñado con talento, expertiz, profesionalismo, compromiso y amor al alcance de los estudiantes costarricenses, y de todo aquel que disfrute de un recorrido por una Costa Rica, cuyas raíces, conviene conocer.
Hace más de tres décadas, una educadora francesa, implantó un modelo curricular innovador, de altísima calidad y del cual, hoy dan cuenta los alumnos que se han formado en la institución que preside. No obstante, esta líder carente de interés por el reconocimiento público, comparte con todos los niños de Costa Rica, un libro único para el aprendizaje de la lectura y es por ello que la Educación Costarricense, celebra el fruto de un esfuerzo sistematizado, en varias regiones del país y comprobada su eficacia con gran éxito. El pasado 17 de diciembre, “Leo y Lea”, recibe la mención “De interés cultural”, por parte del Ministerio de Cultura y Juventud, fundamentado tras una rigurosa y profunda evaluación técnica, en procura de otorgar bajo criterios objetivos, el galardón que hoy nos complace dar a conocer. Literalmente, transcribimos los “por tanto” ofrecidos por parte del ente emisor:
“Que el “Libro Lea y Lea” representa una convergencia única entre la cultura costarricense, el entorno cotidiano y el proceso de aprendizaje de la lectura. A través de historias sencillas, ambientadas en situaciones familiares y cargadas de ternura, el libro invita a niños y niñas a reconocerse en los textos, creando un puente entre su experiencia personal y el acto de leer. Este enfoque fortalece el aprendizaje lingüístico, el sentido de pertenencia y la identidad cultural desde los primeros grados escolares”.
Continúa argumentando el Acuerdo Ejecutivo N°197-C
“Que el libro citado integra de manera integral elementos pedagógicos esenciales _como la repetición estructurada, el ritmo progresivo y la coherencia textual_ con valores culturales y sociales. La lectura se convierte en una experiencia integral donde convergen el desarrollo lingüístico, el disfrute esté tico, la comprensión emocional y el fortalecimiento del tejido social que rodea al niño o niña. El libro es dirigido principalmente a estudiantes de primer grado, nace ante la necesidad de ofrecer materiales de lectura inicial que reflejen la realidad costarricense y despierten en los niños el gusto genuino por leer”.
“Leo y Lea”, permiten leer con curiosidad, rescatando el patrimonio del costarricense, incluyendo el cada vez más olvidado “voseo”, posicionando papeles y valores familiares, donde los actores asumen por igual, tareas cotidianas que construyen la responsabilidad compartida. Un texto onomatopéyico, prolijo, didáctico por excelencia, pues tanto lo disfruta la persona que ha crecido ajena a la flora, fauna o costumbres costarricenses, como quienes continuamos aprendiendo de esta patria maravillosa.
No podemos obviar, que “Leo y Lea”, mediante su travesía, son niños embajadores, pues el habitante de otras tierras, con agrado y sorpresa se aproxima a la noción de cómo nos perciben al tico: cortés, curioso, intrépido, colaborador, feliz, amante de la naturaleza y de su familia. Todo esto respetando la naturaleza de la infancia: sin la obligatoriedad del héroe, sin atropello, sin violencia, asumiendo lo adecuado a su ritmo y edad.
“La Jirafa y yo”, siendo el rumiante más alto originario de África, no tuvo reparo en trasladarse a este exuberante trópico, para dar nombre a la editorial museo viviente y albergar los tesoros tan artísticamente concebidos, desde la rigurosa investigación permanente sobre el patrimonio social cultural costarricense.
¡Gracias, a todo el equipo Editorial La Jirafa y yo, personal docente y administrativo de escuelas, en las cuales dos niños de Patalillo, se mimetizan junto a otros de cualquier barrio! Gracias por compartir su brillante talento, su admirable generosidad y demostrar contra toda suerte de obstáculos, acciones comprobadas sobre la verdadera misión del maestro: diseminar conocimiento y crear espacios para provocar la búsqueda insaciable por aprender y enseñar autónomamente, derribando distancias, fronteras.
Gracias al Ministerio de Cultura y Juventud por su valioso y serio trabajo, por reconocer la riqueza de una obra de tantísima trascendencia para Costa Rica y abrir con ello, puertas de otras entidades que decidan iniciar el proceso de la lectura, con el mismo texto, que lo hacen las instituciones educativas, públicas, privadas o bajo otra modalidad existente.
