La reciente caída de las acciones de SaaS no refleja la verdadera disrupción. Revela por qué el software empresarial es más esencial que nunca.
Por Christian Klein, CEO (Chief Executive Officer) y Presidente de la Junta Ejecutiva (Chairman of the Executive Board) de SAP SE.
La inteligencia artificial es el cambio tecnológico más trascendental desde Internet, y el más transformador para el software empresarial. No porque la IA lo amenace, sino porque la IA lo necesita. Los avances en el razonamiento, la generación de código y los agentes autónomos son reales y transformarán todas las industrias.
Lo veo de primera mano. La IA está impulsando ganancias de eficiencia de dos dígitos en todas nuestras operaciones. En más de dos tercios de nuestros últimos acuerdos en la nube del cuarto trimestre, los clientes optaron por incluir capacidades de IA. Los fabricantes utilizan agentes de IA para automatizar los procesos de cotización, lo que reduce drásticamente los tiempos de respuesta. Los equipos de consultoría recuperan una cuarta parte de su semana laboral para dedicarla a tareas de mayor valor. Esto no es una exageración: está sucediendo a escala empresarial.
Cada gran cambio de plataforma sigue un patrón. Al principio, el valor se acumula en las capas inferiores de la arquitectura: la computación, los modelos y la infraestructura. La fiebre del oro comienza con la inversión inicial. Con el tiempo, el valor perdurable se traslada a la capa de aplicación, donde la tecnología se traduce en resultados empresariales. Internet dejó esto claro. La computación en la nube lo confirmó. La IA no será diferente. El software no está llegando al final del camino, sino que apenas está comenzando. En otras palabras: el software se está convirtiendo en el superpoder de la IA.
Donde reside el valor real
En todas los sectores, las empresas están invirtiendo miles de millones en IA, impulsadas por avances significativos en capacidad y productividad. Sin embargo, muchos tienen dificultades para traducir los experimentos en resultados medibles para toda la empresa. Las causas principales son bien conocidas: entornos de datos fragmentados, procesos aislados, gobernanza inconsistente e IA integrada en sistemas heredados obsoletos.
Independientemente de su sector o tamaño, cada cliente con el que hablo quiere una cosa: una IA que comprenda profundamente su negocio y lo haga de manera segura y confiable. Esto requiere aplicaciones integradas, datos empresariales armonizados y controles claros. Sin estos elementos, la IA opera de forma aislada, desconectada de la realidad empresarial.
Si la IA no comprende cómo se conectan las finanzas con las compras, cómo interactúa una cadena de suministro con la fabricación, qué normas de cumplimiento rigen una transacción o cómo gestionar las excepciones, no puede administrar un negocio de manera fiable. El error más pequeño –el uso de datos obsoletos, incompletos o incorrectos– puede desencadenar silenciosamente decisiones erróneas, transacciones defectuosas y pérdidas significativas antes de que nadie se dé cuenta. Lejos de eliminar el software, la IA evidencia la indispensabilidad de los sistemas que coordinan el trabajo a escala.
La IA empresarial triunfa donde convergen los agentes y la gobernanza
Crear un agente es cada vez más fácil: sólo la punta del iceberg. Implementarlo en cadenas de suministro o procesos de cierre financiero, de principio a fin, con pleno cumplimiento normativo y registros de auditoría, es donde reside la mayor parte del esfuerzo. La orquestación, la aplicación de políticas y el determinismo del flujo de trabajo son los guardianes de la confianza. Cuantos más agentes autónomos se implementen, más valiosos serán los sistemas que los limitan y supervisan, y ahí es donde las plataformas que ya gestionan las operaciones centrales del mundo demuestran su valor.
¿Qué necesitan los agentes para operar a gran escala?
Para ofrecer resultados reales y fiables, los agentes necesitan tres cosas. Primero, un profundo conocimiento del sector y del dominio, codificado en los sistemas, para que los agentes comprendan el contexto, las relaciones y los procesos de principio a fin. Segundo, datos empresariales precisos y semánticamente ricos que constituyan una fuente confiable de información fidedigna. Y tercero, una gobernanza de nivel empresarial: reglas de validación, comprobaciones de cumplimiento, flujos de aprobación, gestión de identidades y registros de auditoría para garantizar la seguridad de la autonomía.
Estos son los elementos que distinguen la IA capaz de gestionar un negocio de forma fiable, de la IA que simplemente impresiona en una demostración.
¿Qué cambia y qué permanece?
La IA agiliza y abarata el desarrollo de software. Los grandes modelos de lenguaje se convertirán en productos básicos. Los modelos de negocio evolucionarán a medida que los patrones de uso pasen de los usuarios a los agentes. Surgirán interfaces completamente nuevas. Los usuarios conversarán cada vez más con la IA en lugar de navegar por las aplicaciones, y interfases de usuario se generarán dinámicamente en tiempo real.
Pero la necesidad de sistemas gobernados y actualizados continuamente no deja de crecer. La IA eleva el listón para las actualizaciones seguras, la mejora basada en la telemetría y los controles compartidos: todas ellas fortalezas del SaaS maduro. Los agentes de IA no reemplazan el software empresarial: dependen de él.
Los ganadores no serán aquellos que posean modelos de fundamentos marginalmente mejores. Serán quienes aporten valor en la capa de aplicación: resultados empresariales basados en un profundo expertise del sector, integrados en todas las funciones y gestionados para su implementación a escala.
El software se está convirtiendo en el sistema operativo para una autonomía confiable. Las empresas que lo reconozcan incorporarán la IA en los sistemas que impulsan la economía mundial. El resto realizará más experimentos, generará más prototipos y se preguntará por qué los resultados no cumplen con las expectativas
¡Larga vida al software!

