Por Gerardo Zúñiga Zúñiga. Vicepresidente del Concejo Municipal de Puntarenas*.
El 20 de julio de 2020 quedará marcado en la historia del cantón central de Puntarenas como el día en que el pueblo porteño decidió alzar la voz.
Ese día nació el Movimiento Cívico «La Dignidad por Puntarenas» una organización de la sociedad civil que surgió ante el vacío de liderazgos y la invisibilidad de la administración municipal de turno. El país atravesaba una crisis sanitaria y económica sin precedentes.
El gobierno de Carlos Alvarado, en coordinación con el Ministerio de Salud, pretendía imponer alertas y restricciones que afectaban directamente la economía y la vida diaria de los porteños.
En ese momento Puntarenas se sentía abandonado. No había quien defendiera al pescador, al comerciante, al trabajador del muelle, a la familia que vive del turismo. Fue entonces cuando un grupo de ciudadanos, liderado por quien hoy les escribe, decidió organizarse.
La Dignidad por Puntarenas no nació de un partido político. Nació de la calle, del dolor, de la necesidad. Nació porque el porteño estaba cansado de que tomaran decisiones sobre nosotros sin nosotros.
Desde el primer día el movimiento se planteó tres objetivos claros: defender la economía local, exigir respeto para el cantón, y devolverle la dignidad a la gente. Fuimos la plataforma que cohesionó a barrios, comités, cámaras de comercio, sindicatos y ciudadanos independientes. Por primera vez en mucho tiempo, Puntarenas habló con una sola voz.
Logros de una lucha
A lo largo de estos años el movimiento ha alcanzado importantes objetivos en favor del cantón:
-Defensa de la economía porteña. Nos opusimos a medidas sanitarias desproporcionadas que hubieran cerrado el comercio y el turismo. Logramos mesas de diálogo con el gobierno central para buscar soluciones equilibradas entre salud y trabajo.
-Visibilización del cantón. Llevamos la problemática de Puntarenas a la Asamblea Legislativa, a los medios nacionales y a la Presidencia. El país volvió a ver a Puntarenas.
-Cohesión social. Unimos a sectores que antes estaban divididos. Por primera vez, empresarios, pescadores, amas de casa y jóvenes marcharon juntos por un mismo objetivo: Puntarenas.
-Fiscalización ciudadana. Estuvimos vigilantes de las decisiones municipales y nacionales. Denunciamos lo que estaba mal y propusimos lo que estaba bien.
-Rescate de la identidad. Recordamos al país que Puntarenas es historia, es cultura, es puerto. Que no somos un cantón de segunda.
Los recortes de prensa de aquella época dan fe. Titulares, entrevistas, marchas y congresos mesas redondas mesas de trabajos abiertos. Todo quedó registrado. No fue fácil. Hubo ataques, hubo descalificaciones. Pero el pueblo se mantuvo firme.
Importancia de la dignidad
Más allá de los logros concretos, La Dignidad por Puntarenas demostró algo fundamental: que cuando el pueblo se organiza, sí se puede. Demostró que no necesitamos esperar a que otros resuelvan nuestros problemas. Demostró que el porteño es trabajador, es inteligente y es digno.
Hoy, seis años después, el movimiento sigue vigente. Porque las necesidades siguen. Porque Puntarenas todavía enfrenta retos en infraestructura, empleo, seguridad y desarrollo.
El compromiso continúa
Agradezco a cada hombre y mujer que creyó en este proyecto. A los que marcharon bajo el sol, a los que firmaron, a los que alzaron la voz en las redes y en las reuniones.
“La Dignidad por Puntarenas” no es de una persona. Es de todos. Y mientras haya un porteño dispuesto a luchar por su tierra, este movimiento tendrá razón de ser.
Porque Puntarenas merece respeto.
*Doctor en Derecho, Politólogo, Historiador.
