Por Gerardo Zúñiga Zúñiga. VicePresidente de la Municipalidad de Puntarenas*.
Tembló Venezuela y cuando tiembla Venezuela, tiemblan también todos los que la queremos, los que la servimos y los que tenemos amigos entrañables en esa tierra bendita.
Desde un evento en el que participaba en ciudad de Guatemala vi las noticias con el nudo en la garganta. No como un observador lejano, sino como quien una vez tuvo el honor de representar a Costa Rica en la Embajada de Venezuela. Ahí aprendí que el venezolano no es solo alegría y mar. Es resistencia. Es solidaridad en medio de la adversidad. Es esa gente grande que me recibió, que me estimó y que me enseñó tanto.
Ayer me acordé de mis compañeros de trabajo en la sede diplomática. De los funcionarios, de la gente de servicios, de los amigos que me abrieron su casa un domingo. De esa “gran gente” que me decía “doctor, cuídese”. Hoy les digo yo a ustedes: cuídense mucho.
Sé lo que es un terremoto. Sé el miedo que da cuando la tierra se mueve y uno no sabe qué va a pasar en el minuto siguiente. Sé también lo que viene después: las noches sin luz, la incertidumbre, el abrazo que vale más que mil palabras.
Desde Costa Rica les mando ese abrazo. Fuerte, sincero, de hermano centroamericano. Mi solidaridad no es de discurso. Es de corazón. Para mis amigos venezolanos, para mis excompañeros de labores, para cada familia que hoy llora, reza o reconstruye.
Venezuela siempre se levanta. Porque su gente es así: se cae, se sacude el polvo, y vuelve a empezar con una sonrisa. Y cuando Venezuela se levanta, América Latina respira mejor.
Fuerza, hermanos. Aquí estamos. No están solos.
*Doctor en Derecho, Historiador y Politólogo.
