Por Ana María Oñoro. Maestra y coautora del libro Leo y Lea.

Como una de las tres autoras del libro de lectura para primer grado «Leo y Lea», recibo la noticia de su Declaratoria de Interés Cultural con una emoción que trasciende lo profesional y toca las fibras más profundas de mi vocación. Para mí, este reconocimiento otorgado por el Ministerio de Cultura y Juventud no es un simple formalismo; es la validación de un esfuerzo colectivo y el respaldo oficial a una herramienta pedagógica diseñada para transformar la vida de la niñez costarricense a través del poder de la palabra.

Mi vínculo con este libro tiene un significado muy personal. Si bien «Leo y Lea» comenzó su camino con una primera edición que sentó las bases de su metodología, fue a partir de la segunda edición cuando tuve el honor de integrarme al equipo de autoras de la Editorial La Jirafa y Yo. Trabajar junto a mis dos colegas para perfeccionar esta obra ha sido un proceso de aprendizaje compartido, y ver que ese fruto hoy alcanza este grado de distinción nacional me llena de una felicidad indescriptible.

El libro Leo y Lea fue declarado de interés cultural

Lo que hace a este libro verdaderamente especial es su capacidad de ser un espejo. Es invaluable para un niño aprender a leer con un libro que refleje su propia realidad, su cultura y su entorno. Cuando un estudiante abre «Leo y Lea» y se reconoce en los paisajes, en el lenguaje y en las vivencias que allí aparecen, el aprendizaje deja de ser una tarea mecánica para convertirse en un acto de identidad. Ese sentido de pertenencia es lo que despierta el amor genuino por la lectura: el niño no solo aprende a decodificar letras, sino que descubre que su mundo también tiene un lugar en los libros.

Esta conexión con la realidad propia es la que ha permitido que, a lo largo de los años, haya podido enseñar a muchas generaciones con esta herramienta. Al mirar hacia atrás, me llena de orgullo saber que entre mis alumnos hay hoy profesionales muy exitosos; sin embargo, me genera una satisfacción igual de profunda saber de quienes llevan una vida sencilla y normal. Lo que realmente importa es que, en todos ellos, el aprender a leer con ‘Leo y Lea’ despertó ese amor por la lectura que transforma la vida. Ese despertar fue lo que les entregó la llave fundamental para comunicarse, valerse por sí mismos e integrarse a la sociedad con dignidad. Mi mayor recompensa es saber que, sin importar su destino, cada niño encontró en nuestras páginas la seguridad y el placer de leer para enfrentar el mundo.

Esta declaratoria nos impulsa a seguir adelante, con la certeza de que estamos dejando una semilla de luz en el alma de Costa Rica. Ver reflejado el interés del Estado en la formación de nuestros niños con materiales que respetan su esencia es la mejor noticia que podíamos recibir. Seguiremos trabajando para que cada página de «Leo y Lea» siga siendo un puente seguro hacia un futuro prometedor para todos, tal como lo han demostrado tantos alumnos que hoy, desde sus distintas realidades, caminan pisando fuerte con la frente en alto gracias a la magia de saber leer.

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