Gerardo Zúñiga Zúñiga*.

En política, el timing lo es todo y hoy abrir un debate nacional sobre la presentación y utilización del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) es cruzar una línea muy fina que ya conocemos cómo termina.

Lo vimos en 1998. Lo recordamos como “el combo del ICE” o “el combo con chorizo”. Fue durante la administración del hoy expresidente Don Miguel Ángel Rodríguez Echeverría. 

En ese periodo su gobierno presentó un proyecto para modernizar el sector eléctrico y de telecomunicaciones, con apertura a la inversión privada y reestructuración del ICE. La intención, en el papel, era técnica y necesaria.

Pero la forma, el momento y la narrativa política lo convirtieron en una crisis nacional. El proyecto se percibió como una privatización encubierta. La desconfianza se acumuló. Y lo que empezó como una discusión técnica terminó en movilizaciones masivas, huelga nacional, bloqueo de carreteras y un desgaste político que marcó todo su gobierno. El proyecto se retiró. El costo político fue muy alto. Y el ICE quedó blindado por el miedo a tocarlo.

Estamos en riesgo de repetir la misma historia

Hoy, cualquier propuesta que pretenda tocar la estructura, el uso o la apertura del ICE estaría en un pésimo momento histórico porque llega a un país cansado, polarizado y con poca confianza en las instituciones.

El contexto no es el de una discusión técnica serena. Es el de una ciudadanía que interpreta rápido cualquier movimiento como una puerta a la privatización, al “negocio” oscuro a la entrega de activos estratégicos.

No se trata de que el tema no merezca discutirse por supuesto que sí es válido, pero en estos momentos no es correcto hacerlo ya que El ICE enfrenta retos reales: inversión, deuda, eficiencia, competencia en telecomunicaciones, transición energética. Eso no se resuelve con silencio.

Pero discutirlo en medio de una coyuntura política fraccionada y sensible, sin un acuerdo político previo, sin metodología pública y sin blindar el proceso contra la “sospecha, “es entregar el debate a las confrontaciones y convertir una necesidad técnica real en un pleito político que nadie va a ganar

Recuerdo como hoy que el gran error de 1998 no fue plantear la modernización. Fue subestimar el valor símbólico y sensible que el ICE tiene para los costarricenses en su imaginario colectivo y no se debió sobreestimar la capacidad del sistema político para procesar el cambio sin que se rompa abruptamente

Hoy si queremos hablar del ICE, hagámoslo cuando haya condiciones: datos claros, consenso técnico, y sobre todo, confianza en la ciudadanía y en todos los sectores de la sociedad civil

Mientras tanto, considero innecesario forzar el debate que sería muy imprudente. No porque el tema sea tabú, sino porque el país no está en estos tiempos en condiciones de procesarlo porque terminaría como el combo de 1998, el cual nos dejó una experiencia a los costarricenses que ya sabemos cómo terminó y no queremos que se repita

*Regidor Propietario, Vicepresidente del Concejo Municipal de Puntarenas, Doctor en Derecho, Politólogo e Historiador.

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