Por Gerardo Zúñiga Zúñiga*.

Las relaciones entre Costa Rica y Panamá han sido, durante más de un siglo, un ejemplo de vecindad madura en una región donde las fronteras han sido motivo de conflicto. Compartimos historia, comercio, migración y una frontera viva de más de 330 kilómetros. Por eso, cuando una declaración oficial genera fricción, la reacción natural no debe ser la escalada, sino el encauzamiento diplomático.

El episodio reciente, derivado de una declaración de la presidenta Doña Laura Fernández sobre el gobierno panameño, nos recuerda que en política exterior las palabras tienen peso. En un mundo interconectado y de reacción inmediata, un comentario fuera de contexto puede convertirse en titular, y un titular en tensión bilateral.

Desde mi experiencia en el servicio exterior, he aprendido que la función de un Estado pequeño como Costa Rica no es ganar debates públicos con sus vecinos, sino preservar canales abiertos, previsibilidad y confianza. Eso es lo que permite resolver lo verdaderamente importante: migración, seguridad fronteriza, comercio, agua y medio ambiente.

El valor de la vecindad estable

Costa Rica no tiene ejército, pero sí tiene una tradición diplomática que ha sustituido la fuerza por el diálogo. Con Panamá compartimos el Corredor Biológico Mesoamericano, el Paso Canoas como uno de los pasos fronterizos más activos de Centroamérica, y miles de familias binacionales. Un conflicto diplomático, por mínimo que parezca, encarece el comercio, desalienta la inversión y complica la cooperación en seguridad.

La historia reciente lo confirma. Los momentos de mayor avance con Panamá han ocurrido cuando ambos gobiernos han tratado las diferencias en privado, a través de Cancillerías, y han comunicado en público resultados, no agravios.

Por qué evitar la judicialización mediática de las diferencias

Cuando las diferencias se ventilan en medios y redes, se pierde control del relato y ganan espacio los sectores que se benefician de la confrontación. El riesgo es pasar de un desacuerdo puntual a una narrativa de “nosotros contra ellos”, que contamina toda la agenda bilateral.

En diplomacia, la regla es simple: lo urgente se maneja con una llamada; lo estructural, con una mesa técnica. La exposición pública solo debe usarse cuando el interés nacional exige dejar constancia ante la comunidad internacional. No parece ser el caso aquí.

Una postura positiva y equilibrada

La posición de Costa Rica debe ser clara y sin ambigüedades: respeto mutuo, apego al derecho internacional y compromiso con la integración centroamericana. Eso no implica silencio ante diferencias, sino forma en el cómo se expresan.

Una respuesta equilibrada reconoce los intereses legítimos de Panamá, reafirma los de Costa Rica y propone mecanismos concretos para resolverlos. Comunicados técnicos, consultas bilaterales y uso de los foros regionales como el SICA son herramientas más eficaces que la confrontación pública.

La oportunidad detrás del impasse

Estos episodios, bien manejados, pueden fortalecer la relación. Obligan a revisar protocolos de comunicación, a activar comisiones binacionales que estaban inactivas y a recordar a ambas sociedades que la integración no es automática: se cuida todos los días.

Panamá es nuestro socio estratégico en logística, energía y migración. Costa Rica aporta estabilidad, institucionalidad y una voz respetada en foros multilaterales. Perder eso por una declaración es un costo que ninguno de los dos países puede asumir.

La política exterior de Costa Rica ha sido efectiva cuando ha sido predecible, jurídica y discreta. Con Panamá, más aún. Somos vecinos por geografía, pero socios por elección. No debemos llegar a conflictos bilaterales con países vecinos porque el costo siempre lo paga la gente común: el transportista en la frontera, el productor que exporta, el migrante que busca oportunidades.

La tarea ahora es desescalar, volver al canal diplomático y recordar que la buena vecindad es también un activo de política exterior. En diplomacia, la paciencia no es debilidad. Es la forma más inteligente de defender el interés nacional.

*Regidor Propietario, vicepresidente del Concejo Municipal de Puntarenas, Abogado Politólogo, Historiador y ex Diplomático.

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