Por Gustavo Adolfo Araya Martínez, Politólogo.

El fenómeno de la migración de figuras políticas del tradicional bipartidismo costarricense (Partido Liberación Nacional -PLN- y Unidad Social Cristiana -PUSC-) hacia el entorno del presidente Rodrigo Chaves (lo que se ha denominado «chavismo») es un síntoma grave de las profundas crisis que atraviesan tanto el sistema político como la sociedad costarricense.

1. Crisis de los partidos tradicionales: descomposición y oportunismo

El PLN y el PUSC, que dominaron la política costarricense por décadas, están en estado de recomposición política. Ambos partidos perdieron credibilidad debido a casos de corrupción, vínculos con élite, pérdida de identidad ideológica y su transformación en maquinarias electorales.

¿Por qué migran al chavismo? Simple: sobrevivencia política. Estas personalidades políticas carecen de principios y les gana la ambición. Al ver que Chaves ganó con un discurso antisistema (a pesar de ser exministro de un gobierno y curiosamente criticar a los partidos tradicionales), buscan recolocarse en donde haya poder.

2. El «chavismo»: ¿un nuevo populismo de derecha con oportunistas reciclados?

Rodrigo Chaves llegó al poder criticando a la «partidocracia», pero ahora está atrayendo a los mismos que denunciaba. Esto revela:

Hipocresía del discurso antisistema: Si Chaves realmente quisiera romper con el pasado, no aceptaría a políticos vinculados a la corrupción tradicional. Pero su movimiento necesita estructura, y estos tránsfugas se la proporcionan.

Pragmatismo electoral: El chavismo no es una ideología sólida, sino un vehículo personalista. Estos exliberacionistas y socialcristianos ven en Chaves un caudillo con popularidad y prefieren subirse a su ola antes que tener que disputar espacios y mejorar sus partidos base.

Falta de proyecto de país: Muchos de estos transfugas no creen en nada, solo en el poder. Si mañana Chaves cae, migrarán a la siguiente fuerza emergente, sin problema.

3. Peligros para la democracia costarricense

Esta migración política no es inocente. Tiene consecuencias graves:

Consolidación de un caudillismo: Si Chaves logra cooptar a los políticos tradicionales, estaría terminando de crear la élite de intereses que ya ha ido amasando bajo su mando, pero igual de corrupta.

Debilitamiento institucional: El transfugismo muestra que los partidos ya no representan ideas, sino intereses personales. Esto erosiona la confianza en el sistema. Es más de lo mismo, pero ahora peor.

Riesgo de una «necrosis política»: Si el chavismo se llena de exmilitantes sin escrúpulos, podría replicar y empeorar los vicios del pasado, pero con un liderazgo más autoritario. Eso convertiría al país en un reducto de mayor corrupción, como la observada en regímenes como los de Venezuela o Nicaragua.

En conclusión: ¿Cambio real o más de lo mismo con nuevo logo?

Lo que estamos viendo no es una renovación política, sino un reacomodo de las mismas caras en un nuevo vehículo de poder. El chavismo, lejos de ser una alternativa limpia, se está convirtiendo en un refugio para el oportunismo que huyen de sus partidos.

Si Costa Rica no genera una verdadera alternativa ciudadana (no solo recambio de élites), seguirá atrapada en el ciclo de corrupción y personalismo que tanto daño le ha hecho. La migración de políticos tradicionales al chavismo no es una solución: es la misma enfermedad con distinto nombre.

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