Por Gerardo Zúñiga Zúñiga. Vicepresidente de la Municipalidad de Puntarenas*.
A menudo vivimos corriendo, enfocados en grandes metas: un mejor trabajo, un viaje soñado, una casa propia o un logro importante.
Nos enseñan que el éxito se mide por lo grande que construimos o conseguimos, y terminamos esperando un futuro que siempre parece estar un poco más adelante. Sin embargo, si nos detenemos un instante, descubrimos que la verdadera felicidad no suele estar en esos grandes hitos, sino en los pequeños momentos que pasan desapercibidos.
Es la taza de café caliente por la mañana, antes de que empiece el ruido del día. Es la risa espontánea con un amigo por una anécdota sin importancia. Es sentir la brisa fresca en la piel mientras caminamos, o ver cómo se pone el sol pintando el cielo de colores. Son esos instantes que no cuestan dinero, que no requieren planificación y que, con el tiempo, se convierten en los recuerdos más queridos.
Vivir apreciando lo pequeño no significa dejar de tener sueños o ambiciones. Al contrario: nos da la fuerza para seguir adelante. Cuando aprendemos a disfrutar del presente, no esperamos a ser felices «cuando pase algo», sino que encontramos razones para sonreír todos los días.
Al final, la vida no es una lista de logros, sino una colección de momentos. Y los más sencillos suelen ser los que le dan verdadero sentido a nuestra existencia.
*Doctor en Derecho, Historiador y Politólogo.
